11 marzo, 2017

Historia prehispánica de Villa Corona.

Desde que apareció el hombre en mesoamérica, las tierras de Jalisco y Colima han sido de los lugares preferidos para habitar, esto debido a la abundancia de agua y la comida de sus alrededores.

Muchas tribus han dejado sus huellas a través de muchos años, aún miles de años antes de Cristo. La alfarería encontrada en tumbas de esa época dan cuenta de las costumbres y hábitos de los antiguos moradores; conocían el juego de pelota, vivían en casas de zacate y barro, además de dedicarse a la caza, a la pesca y a la recolección de frutos y raíces.

Según algunos datos de historiadores, en el año de 1160 partieron de las tierras de Aztlán varias familias nahuatlacas, formando dos grandes grupos migratorios; uno pasó por el norte de lo que hoy es Jalisco y el otro por el Pacífico, entrando a Jalisco por Tequila para pasar por Ameca, Cocula, Villa Corona, Acatlán de Juárez, Zacoalco, Chapala, etc., hasta llegar al Valle de México, en donde se reúnen las dos peregrinaciones en el lago de Texcoco y fundan Tenochtitlán el 18 de julio de 1325.

Al pasar por el lugar que hoy es conocido como Villa Corona, una de las tribus decidió quedarse ahí por su afición a la caza y a la pesca.

Su presencia fue bien vista por los pocos lugareños que ya vivían ahí y es probable que por estas fechas haya nacido el nombre de Tizapanito que significa Lugar de Tizate o Lugar de Tierra Blanca.

El lugar exacto de este asentamiento fue en lo que hoy se llama La Huerta, y que se localiza a 5 kilómetros al noroeste de la hoy cabecera municipal.

Para el siglo XIV existió otra unión entre tribus; por un lado los nahuatlacas de Tizapanito, quienes eran liderados por Xopillin (peregrino, nómada o errante), y por el otro lado un grupo de Cocas que venían huyendo de los cerros vecinos como consecuencia de una guerra conocida como de Las Salinas o Guerra del Salitre.

A cambio de la hospitalidad que le fue brindada a los refugiados, el pueblo de Tizapanito recibió los adelantos que poseían los Cocas, y de los que aún quedan vestigios.

FUENTE: Acosta Rodríguez, Miguel.
Villa Corona TIERRA DE BANDAS. Escuela Normal de Jalisco, Agosto 1996.